COVID-19 Diaria confusión Descubriendo una ruta de claridad

¿Realmente, qué nos estresa?

Nuestro cerebro se encuentra muy  expuesto y vulnerable ante la gran cantidad de información -que para muchos es compleja y contradictoria- acerca del coronavirus. Este fenómeno de datos, narrativas y emociones, crece exponencialmente cada día afectando de distintas maneras y en diferentes niveles de profundidad a cada persona.

Photo by engin akyurt 

El exceso de información provoca en cada ser humano la necesidad de responder a ese entorno que siente amenazante por incierto o adverso, por tanto, las reacciones que estamos observando en múltiples escenarios,  se relacionan con el temor generado por la inseguridad que causa el no saber a ciencia cierta el nivel de riesgo personal que verdaderamente se corre y debido a ello, cometer algunos errores innecesarios.

Existe otro tipo de miedo, éste es más profundo, cuyo principal disparador podría ser algún pensamiento recurrente advirtiendo mayor peligro por posibles pérdidas, ejemplo: movilidad, libertad, trabajo, ingreso, a algún familiar, incluso la propia vida.

Esta crisis, incorpora otro tipo de situaciones -tal vez de mayor trascendencia- como: el encierro obligado, la forzada convivencia familiar y hasta el ineludible encuentro con nosotros mismos.

Acaso no son suficientes motivos para sentir estrés o al menos inquietud por no tener aún las respuestas correctas.

¿Qué va a pasar? Como en todo proceso de cambio radical, entramos en una dinámica de presentimientos de que algo -ya sea malo o bueno-, puede ocurrir. Cuando creemos que es bueno, genera un estado de ansiedad positiva ysaludable por saber más; pero cuando lo presagiamos como malo, iniciamos una etapa de negación, rechazo o indiferencia, aún sabiendo internamente que pudiera ocurrir aquello que negamos.

¿Preocuparse, descartar o enfocarse?

Dependerá entonces de nuestra biología, personalidad, salud, formación, y experiencia, elegir el camino de la preocupación y hacer lo que otros: abastecerse como si fuera el fin del mundo, intentando sobrevivir; o bien, por la información tergiversada que nos “ataca”, colocar los hechos en un espacio distante para “obligarnos” a pensar que nada pasará.

Cuando tomamos conciencia de la gravedad de la situación, el entorno se vuelve más claro, sí, pero también más intenso y preocupante a la vez, entonces el choque con la realidad es ineludible: y comenzamos una nueva etapa, en la cualalgunos serán más capaces de lograr una aceptación racional y enfocar su energía en resolver lo que venga, mientras que otros, por su perfil más emocional, primero pasarán por una fase de inestabilidad debido el coctel de neuroquímicos que produce su cuerpo y que afecta de manera especial al cerebro. Sin duda, percibirán esa incomodidad, pero no harán caso y se esforzarán por mantener el equilibrio y armonía aunque tengan que pagar un alto costo por –mayor desgaste energético-, aún así, saldrán adelante.

En estos disruptivos momentos, todos estamos siendo probados y desafiados, hasta los más templados.

Hoy sin duda, el protagonista es COVID-19 y nos obliga como mínimo, plantearnos dos tipos de reflexión:

1ª. ¿Somos menos, más o diferentes a quienes creíamos ser?

2ª. ¿Ante esta gran oportunidad podremos ser protagonistas capaces de construir una nueva vida?

Suena bien, ¿cierto?

Pero mientras llegamos a ese punto de la muy famosa reinvención personal, es necesario tomar en cuenta que tanto en nuestro interior, como en el  centro de cada familia y equipo de trabajo, quizá se esté gestando un fenómeno estresante del cual se hablará poco o se callará por estar sujetos y en acoplamiento a un contexto de convivencia totalmente diferente a la usual.

Cada quien deberá hacer frente a estas dinámicas emergentes y a los retos que conllevan, sin duda, serán sus patrones mentales -los que darán la batalla-  utilizando todos los recursos que a su juicio estén disponibles y garanticen el mejor resultado.

Dichos patrones son el resultado de la combinación de dos dimensiones, la historia personal que incluye la educación tanto formal como informal y la configuración cerebral, resultante de la práctica recurrente de ciertas actividades hoy convertidas en hábitos, talentos y habilidades. Estas dimensiones determinan una particular forma de responder a las demandas del entorno.

Entonces, quienes hasta hoy hayan fortalecido más su hemisferio cerebral derecho, -espacio donde sensaciones, sentimientos y  emociones se manifiestan con mayor intensidad y libertad- podría exhibir vaivenes de carácter o humor de corta duración entre los opuestos, por ejemplos: alta o baja actividad física y/o lingüística, ir de la alegría al temor o de la agresividad a la afectividad, de la tristeza a la ansiedad, incluso alterar la dinámica alimenticia , entre otras.

Ante situaciones extremas, nuestro cerebro siempre se organiza para protegernos.

Por su parte, quienes hayan desarrollado más el hemisferio cerebral izquierdo, posiblemente experimenten este periodo de crisis con mayores niveles de estrés, cuya causa radica en el pensamiento reiterado de “haber perdido el control o el poder”, sentir impotencia por no resolver u organizar como antes, pierden de vista situaciones, personas y necesidades, tanto propias como ajenas, aún las más básicas. Suelen centrarse tanto en sus pensamientos que se desvinculan de todo el mundo.

Sin duda alguna, también traen su propio coctel emocional, sólo que se les dificulta expresarlo y han aprendido a bloquear sensaciones, sentimientos y  emociones, no obstante, éstas, buscarán salida mediante diferentes formas e intensidades, por ejemplo, insistir en la idea de dominar, mandar o ser un tanto autoritarios, intolerantes, usar sarcasmo, burla, ironía.

También pudieran actuar con gran disciplina queriendo establecer políticas, orden, reglas, etc., incomodando a los demás, incluso, provocar la idea de “doble enjaulamiento”. Esto podría conducir a más problemas y conflictos, que no hacen falta.

Las dinámicas humanas son las más complejas que se han estudiado, aún hay mucho por descubrir y todo es fascinante.

Photo by Deleece Cook 

Todos los que salgamos triunfadores de este mal sueño, tenemos una importante tarea: reinventarnos integralmente.

¡Ahora, viene lo bueno!

Nuestro cerebro es nuestro principal aliado para enfrentar todo en la vida, sólo necesitamos conocerlo un poco más para descubrir que tenemos y somos más de lo que imaginamos.

La ruta de la claridad…

 Cada cerebro cuenta con cuatro importantes zonas que se han desarrollado de manera desigual, no obstante, se comunican y colaboran en perfecta armonía realizando tareas con extraordinarios niveles de desempeño.

 Esto ocurre porque cada área cerebral realiza valiosas contribuciones de acuerdo a la especialización que ha logrado a través de la práctica y del tiempo, constituyendo así,  los talentos y las habilidades que sustentan la capacidad humana para responder al entorno.

Por ello, ante cualquier evento o situación, sea ésta de gozo, tensión, riesgo, etc., se coordinan dentro de nuestra cabeza las áreas para decidir cuál dará la respuesta esperada. 

Habitualmente, la que tenga más conexiones neuronales fuertes será la que tome el liderazgo para hacer frente -con sus luces y sus sombras- a cualquier desafío, de esa forma se van distinguiendo los estilos de pensamiento dominantes.

Los 4 Estilos de Pensamiento son:

LÓGICO

Resuelve de manera práctica, piensa en el objetivo y resultados.

ESTRUCTURAL

Resuelve de manera ordenada, piensa en plan y recursos.

RELACIONAL

Orientado a resolver de manera afectiva, piensa en las personas la armonía.

CREATIVO

Orientado a resolver de manera, innovadora, piensa en los cambios y el futuro.

De esa particular configuración neuronal de los 4 estilos de pensamiento depende el ¿Cómo?  de cada persona para dar respuesta, reaccionar y enfrentar situaciones, desafíos, problemas, conflictos, obstáculos, relaciones, éxitos, pérdidas, gozos, sufrimientos y en resumen, la vida.

Cada persona es como una huella dactilar, no hay dos iguales.

Necesitamos ser entendidos amados, comprendidos y respetados, como somos y cómo nos es posible actuar en la vida cotidiana y particularmente ante las crisis.

Ya sea que expresemos o no nuestro pensar, sentir, decir y hacer, estamos y somos parte de cada fenómeno que ocurre, nos afecta integralmente, altera nuestra salud, equilibrio, sistema inmunológico, la calidad de vida, finanzas, etc.

Por fortuna, el cerebro activa los mecanismos de salvaguarda para salir adelante antes que derrotarse.

¿ Sabías que el cerebro cambia con las crisis?

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En crisis, ¿quién manda a quién?

Nuestro cerebro se encuentra expuesto y vulnerable ante la gran cantidad de información que para muchos de nosotros, es difícil de seguir y de entender, lo peor, es que la mayoría está vinculada con riesgos de algún tipo.


La incertidumbre que nos presenta esta situación inusual nos lleva a percibir el entorno como un todo amenazante ante el que también empezamos a experimentar emociones y reacciones diversas que jamás habíamos imaginado.


Además, parece que el control de nuestra vida en los diferentes ámbitos se nos ha escapado de las manos, comprometiendo nuestra libertad.


¿Sabes quién manda y tiene el control de tu vida?

Pues sí, ¡Tu cerebro! Específicamente el área más fuerte en conexiones neuronales es la que determina tu estilo de pensamiento dominante. Éste es el que hoy ha tomado las riendas de tu vida procurando instintivamente tu
supervivencia.


Cada estilo de pensamiento tiene ventajas y desventajas, por ello es conveniente que sepas cuál está llevando la tuya para que conscientemente recuperes las riendas de tu actuar.


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“La neurociencia es, por mucho, la rama más excitante de la ciencia, porque el cerebro es el objeto más fascinante del universo. Cada cerebro humano es diferente, el cerebro hace a cada ser humano único y define quién es”.

Stanley B. Prusiner – Premio Nobel de Medicina, 1997